molla.
2026- Cliente
- Molla
- Contexto
- Pequeño negocio local · Marca y web de reservas
- Ver el sitio
- www.mollapa.com/ ↗
- Identidad visual
- Dirección de arte
- UX/UI
- Desarrollo web
Que reservar pan sea tan fácil como pedírselo al panadero
- 6
- municipios con reparto
- 0
- tarjetas ni cuentas para reservar
- 2
- días de reparto por semana
- 2
- idiomas, catalán y castellano
El punto de partida
Molla es pan de fermentación lenta —hasta 35 horas, con harina ecológica— hecho a mano y de uno en uno en Sant Boi. Detrás hay una sola persona que amasa, hornea y reparte a domicilio dos días por semana.
El reto era doble. Por un lado, construir una marca que transmitiera oficio y cercanía sin caer en los tópicos rústicos del pan artesano. Por otro, sustituir los mensajes sueltos por un sistema de reservas que ordenara cada fornada sin añadir trabajo a quien ya hace todo lo demás.
Qué había que resolver
- Una producción limitadaCada fornada tiene un número de panes y una hora de cierre. La web tenía que decir con claridad cuándo se puede pedir y cuándo no.
- Clientes de barrio, no de e-commercePedir tarjeta o una cuenta a alguien que solo quiere un pan es perderlo. Reservar tenía que ser tan directo como un mensaje.
- Un territorio concretoSeis municipios con reparto, un punto de recogida para el resto y una franja horaria fija. Todo eso tenía que entenderse antes de reservar.
- Diferenciarse del horno de la esquinaLa fermentación larga, la harina ecológica y la entrega en la puerta debían convertirse en razones claras, no en adjetivos.
Cómo lo abordamos
Partimos del nombre: molla, la miga en catalán, lo que de verdad distingue un buen pan. La identidad huye del kraft y la madera: un azul cobalto intenso y un naranja de corteza sobre fondo de papel, una grotesca ancha en mayúsculas para los titulares y una monoespaciada para las etiquetas. El resultado tiene más de cuaderno de obrador que de panadería de postal.
Ese cuaderno se convierte en sistema. Las fotos se numeran como figuras —«Fig. 1, pan de molla cortado por la mitad»—, cada semana es una Fornada Nº con su fecha y su cuenta atrás de cierre, y el proceso se cuenta como un diario del obrador en cinco imágenes. La artesanía se demuestra con método, no con adjetivos.
La reserva se diseñó como una conversación. Eliges qué quieres, dónde y cuándo, y confirmas con tu nombre y tu móvil. Pagas al recibirlo, sin tarjeta ni cuenta, y puedes cancelar con un clic hasta el cierre. Quien prefiera, reserva directamente por WhatsApp.
Lo que construimos
- Identidad visualcon logotipo, paleta de cobalto, naranja y papel, y un sistema tipográfico de grotesca ancha y monoespaciada.
- Dirección de arte fotográficacon lenguaje de figuras numeradas y un diario del obrador.
- Carta con precios, combinaciones e ingredientes y alérgenosdesplegables para cada producto.
- Sistema de reservas por fornadacon fecha de entrega, cierre de pedidos con cuenta atrás, municipios, recogida y pago a la entrega.
- Pa fixuna suscripción semanal sin permanencia: el cuarto pan va de regalo y se salta o cancela con un clic.
- Web bilingüe en catalán y castellano hecha en Astrocon las reseñas de Google integradas y páginas propias para el reparto, la recogida, Pa fix y el método poolish, pensadas para la búsqueda local.
Decisiones que marcaron el resultado
Nada de pasarela de pago. Pedir la tarjeta habría convertido un encargo de 5 € en una compra online. Pagar al recibir el pan mantiene la confianza de barrio y elimina la principal fricción.
La escasez, contada con honestidad. «Quedan pocos panes» y la cuenta atrás de cierre no son trucos de urgencia: son la realidad de un obrador de una persona, y ayudan a planificar cada fornada.
La persona, en primer plano. «Soy Víctor. Hago el pan en Sant Boi, uno a uno, y te lo llevo yo.» La marca no esconde que es pequeña: lo convierte en su principal argumento frente al horno de al lado.
El resultado
Una marca reconocible al primer vistazo y una web que hace el trabajo de un mostrador: explica el producto, resuelve dudas, ordena las fornadas y recoge reservas sin pedir nada que sobre.
Molla demuestra que un negocio pequeño también merece una marca con criterio y una herramienta hecha a su medida, y que la sencillez bien diseñada vende mejor que cualquier plantilla.
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